LEYENDAS
DE LA HOJA DE COCA
Son
muchas las leyendas que tienen la hoja
de coca como protagonista, lo que
testimonia su gran importancia dentro
de la cultura andina.
La
planta representa un don de los dioses,
gracias al cual los hombres pueden
aliviar
algunos de sus estados que provocan sufrimiento.Desde
tiempos sin memoria, las hojas de este
arbusto participaron por tal razón, de
la vida mítica, mágica y religiosa del
pueblo inca. Su consumo no ha decrecido
sino que, ignorando leyes y condenas se
ha extendido más allá del ámbito quichua,
convirtiéndose en unas de las grandes
polémicas americanas a la par que importante
fuente de ingresos para algunos países.
En ellos, su cultivo y exportación tiene
el amparo del propio gobierno que aplica
para estos casos, leyes y principios
morales
muy particulares.
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En
Argentina el cultivo de la planta de
Coca
está prohibido, no así su consumo y tenencia
que esta reglamentado bajo la Ley
23.373, en tanto que países como Bolivia
y Perú permiten su cultivo. Coquear es
la palabra que describe la acción de
mascar las hojas de coca. El coquero (quien
realiza esta acción) no masca las
hojas, sino que forman un bolo con las
hojas (llamado "Acuyico",
"Acusi", Mascada, y otras variantes
fonéticas de la voz de origen quichua
“Akullikuy”) y lo colocan entre las mejillas
y la mandíbula donde la tienen por horas,
provocando una abundante salivación que
saborean lentamente. No
se parte ni se desmenuza la hoja; se
la
ovilla con la lengua, una sobre otra,
metódica y pausadamente. En todo el noroeste
Argentino, especialmente en Jujuy y Salta,
son muchísimos los adeptos a este suave
alcaloide y son raros aquellos que jamás
la han probado. Entre los adeptos no solo
están incluidos todos aquellos de origen
étnico, sino también blancos, mestizos.
Los "coqueros", por
lo general apelan a este vegetal para
trabajar
muchas horas o para acompañar las largas
tertulias regadas con "bebidas
espirituosas" y condimentadas
con mucha "juerga". La emplean
para combatir el sueño, el hambre, la
sed y el cansancio. Los “coqueros” afirman
que se sienten animosos, lucidos y alegres
cuando la tienen en la boca,
y es sabido por todo norteño que no hay
nada mejor para evitar el apunamiento
que un buen “acuyico”. El uso de la coca,
en este caso, no es el que le dan las
personas que se dedican a matar la juventud
con vicios innobles.Alrededor de las mesas
de juego, asados y guitarreadas, abundan
las hojas de coca y los platillos con
bicarbonato que reemplaza a la “Yista”,
una pasta sólida preparada con féculas
de papas y cenizas vegetales, que le
dan
a la saliva un sabor distinto, excitante
y digestivo. La “Yista” o el “bicarbonato
(Bica)” sirve para estimular la savia
de la hoja.
Ley
23.737 Sancionada
el 21 de Septiembre de 1989,
promulgada el 10 de Octubre de
1989 por aplicación del artículo
70 de la Constitución Nacional
y publicada en Boletín Oficial
el 11 de Octubre de 1989. Art.15:
La tenencia y el consumo de hojas
de coca en su estado natural,
destinado a la práctica del coqueo
o masticación, o a su empleo
como infusión, no será considerada
como tenencia o consumo de estupefacientes.
Las
hojas de cocas y las predicciones
Entre
los aborígenes quichuas este acuyico cumplía
un rol de ritual mitológico, actualmente
es entregado como ofrenda a la Pachamama
al tiempo que se implora su amparo.En
la Puna es utilizado por adivinos para
predecir el porvenir (Acuyicomancia);
unos estudian la consistencia para extraer
conclusiones, en tanto que otros observan
su color y la forma que adoptan cuando
se los aplasta con una roca; algunos otros
los dejan secar sobre un papel al sol
y analizan las manchas que se producen
en el papel.Algunos hechiceros Puneños
aconsejan enterrar el “acuyico” cuando
su dueño está enfermo y no arrojarlo en
cualquier parte, con el fin de evitar
“daños”que puedan agravar el mal, variante
rural sin duda, de la medicina preventiva.Su
utilización es diversa y extensa pero,
en síntesis, podría ser un residuo masticatorio
que tiene características mágicas singulares
y goza en general del afecto del usuario,
que agradecen sus bondades dándole virtudes
mánticas y místicas supletorias, como
si se tratara de un ente con vida propia
y muerte útil.
Leyenda
del Norte Argentino:
Cuando
llegaron las corrientes conquistadoras
de los blancos destruyendo ciudades,
quemando
templos, derribando ídolos, exterminaron
a la realeza del Imperio Incaico - dominaron
a los nativos - quienes en su desesperación
retrocedieron en busca de refugios naturales
en las laderas de las montañas (Pucará)
o en las altas cumbres. En su retirada
solo invocaban la protección de sus dioses, Inti (Sol) Quilla (luna) ante la eminencia de una derrota
total, se pusieron a salvo las riquezas
del Imperio, para ello se encomendó a
un viejo sacerdote tan difícil misión,
quién a pesar de los recaudos fue
tomado prisionero y torturado por
los invasores
blancos para que diga donde había escondido
el tesoro, nada consiguieron no pudieron
vencer su juramento; Oh admirable
anciano! en el silencioso escenario apareció la
misteriosa Quilla, se le acerco al oído
y le dijo:Supremo sacerdote,
me envía Inti
tu Dios, para salvarte porque has sabido guardar los tesoros
de nuestro pueblo, nuestra religión y
has sido fiel a nuestra raza. En recompensa
pide lo que quieras que será
concedido.
Este meditó unos momentos
y respondió:
Oh diosa! protectora
nada te pediré para mí, pero
sí para mi raza vencida, no te pido ni
armas, ni riquezas, danos un bien con
el cual podamos soportar tal sometimiento
y que a su vez ese bien en manos del
enemigo
se transforme en un mal, en un peligro
para su raza opresora.Entonces
Quilla le respondió:Fiel servidor
mira hacia atrás ahora sigue con tu mirada
el destello de luz que se ha detenido
en esa planta de hojas verdes y ovaladas.
Presta atención a ella, Inti le ha otorgado una secreta virtud, la de adormecer penas
y mitigar fatigas. Que tu raza arranque
sus hojas y las mastiquen su jugo será
mejor remedio para soportar todo sufrimiento
y si la raza invasora los imita tendrá
su castigo. Su jugo que para nosotros
es vida, para ellos significara la
muerte, un vicio repugnante que al cabo
de un tiempo aniquilará su raza.
A la mañana siguiente el Anciano llamó al grupo que lo acompañaba y les
dijo - Por voluntad de nuestros dioses
en estos cerros ha nacido esta planta
llamada COCA, les contó sus beneficios
y también les dijo que si querían saber
los secretos del destino bastará tomar
un puñado de ella y arrojándola al viento
la dirección que tomen marcará el rumbo
del bien, cuando el invasor de nuestra
raza quiera sacar igual provecho sufrirá un
castigo. Así nació la planta
de la Coca, regalo divino, elemento mágico
de rituales de nuestro pueblo.
Leyenda
del pueblo Chavin (Río Negro, Amazonia
Central)
Habiendo sobrevivido de milagro a un
naufragio, algunos indios agobiados por
el hambre
y ya sin fuerzas invocaron la ayuda del
Sol. Este respondió iluminando con uno
de sus rayos un arbusto; los náufragos
recogieron las hojas y comenzaron a masticarlas.
Poco a poco retornaron sus fuerzas, el
hambre se calmó y así pudieron volver
a sus pueblos. Llevaron consigo algunos
ejemplares de aquella planta que había
salvado sus vidas y se pusieron a cultivarla
para continuar gozando sus beneficios.
Leyenda
del pueblo aymará (Bolivia)
Los aymará habitaban (y continúan habitando)
las orillas del lago Titicaca.
Cuenta la leyenda que el dios Khun,
señor de los rayos, del trueno y la nieve,
irritado por el poco respeto que los hombres
del lago tenían por su morada situada
en los montes próximos, les alejó de sus
casas y les obligó a una vida nómada ocultándoles
el camino de retorno. Privados de sus
medios de subsistencia, los aymará comenzaron
a nutrirse con plantas selváticas;
fue así como conocieron el arbusto de
la coca. Masticando la hoja, el hambre
se alejaba, se vendía la fatiga, el camino
se volvía más agradable y pudieron incluso
retornar a su lago. A cambio, guardaron
siempre respeto a los montes donde vivía Khun y
donde crecía aquella planta
prodigiosa.
Leyenda
de los incas (Perú)
Los harawaks eran los narradores
sagrados de los incas. Ellos se encargaban
de mantener viva la leyenda del origen
sagrado de la planta de coca. "Encolerizado,
el dios cruel había condenado a un pueblo
inocente a vagar hasta el fin de los tiempos
por las altiplanicies de los Andes. Afortunadamente,
los hijos del Sol, Manco Capac y su hermana-esposa
Mama Oclo, divinidades propicias, velaban
por los infortunados. Para que pudieran
resistir el hambre y el frío les enseñaron
a mascar las hojas verdes de un arbusto:
la coca. De esta manera pudo sobrevivir
la raza inca".
Luego de la conquista y la imperiosa
evangelización
a que se vieron sometidos los habitantes
de los
Andes, el mito original fue adaptado
a
las exigencias de la nueva religión: "Tras
el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo,
los diablos intentaron quitarle la vida.
Cuando María, su madre, volvió a casa
y no encontró a su hijo, se puso a buscarlo.
Recorrió un largo trayecto sobre su asno,
y se quedó muy debilitada por el hambre.
Cristo la vio en ese estado y bendijo
para ella un matorral de coca salvaje.
María adivinó lo ocurrido; comió algunas
hojas y ya no sintió hambre ni fatiga.
María ofreció la planta a su pueblo y
de esta manera los indígenas del altiplano
siguieron tomando la coca".
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