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La otra selva: las yungas  

Yungas

Compite con la Selva Misionera en materia de biodiversidad. Dos millones de personas y cientos de miles de hectáreas bajo riego dependen de ella Y, pese a la depredación sufrida, aun ofrenda valiosísimos recursos. Sin embargo, este apéndice de la selva andina dista mucho de ser conocido y gozar de una protección adecuada.

"Y es ciertito que lo vide al Ucumari, en un chacral, juntito al cerro, a la oracioncita, comiendo maicito...

Aquí se conocen muchos casos qui ha llevao alguna moza a los cerros ande vive y hasta ha tenío familia con ella. A los hombres los quema. Yo sabía y disparé pronto."

Esto decía, plantado en medio de la selva, el campesino Jujeño Antonio Cruz a la investigadora Berta Vidal de Battini, hace solo una década.

Neblinosas y enmarañadas, las Yungas están pobladas de misteriosas criaturas. El Ucumari, hombre oso de fuerza descomunal que rapta hombres y mujeres, es una de las mas famosas y temidas. El mito se cree, esta basado en el “oso de anteojos”,único  representante de los úrsidos que habita Sudamérica.

Aun no se han encontrado ejemplares de este animal en la Argentina pero se sabe de su existencia en el vecino Departamento de Tarija, Bolivia. Por aquí lo que anda es el enigma: un síntoma, entre tantos de lo mucho que queda por desentrañar de la selva Noroestina.

Selvas Impensadas

Antes de poder atravesar las Sierras Subandinas y la Cordillera Oriental, los vientos que vienen del Atlántico descargan su humedad en forma de lluvias y neblinas dando origen a uno de los ambientes de mayor diversidad de nuestro país. Así, casi tres millones de hectáreas de las provincias de Salta, Jujuy, Tucumán y Catamarca están tapizada de una enmarañada red de vegetación: Las selvas de montañas, Selvas Nubladas o Yungas, un trazo de verdor impensado en la yerma geografía del Noroeste.

Las Yungas se extienden por el Noroeste de la Argentina formando parches o Islas de distintos tamaños coincidentes con la ubicación de los elevados cordones montañoso sobre los que se instalan (ver mapa). Su aspecto varía a medida que se sube, siendo posible distinguir pisos de distinta composición florística.

En la zona baja se encuentra la Selva Pedemontana de aspecto árido, conocida como selva de palo blanco y palo amarillo en Salta y Jujuy y selva de cebil y pacará en Tucumán.

Se continua en altura con la exuberante y húmeda selva montana  donde se puede distinguir la selva de tipa y laurel, entre los seiscientos y los mil metros sobre el nivel del mar y la selva de mirtáceas que ocupa una franja entre los mil y los mil quinientos.

Aquí la selva alcanza su mayor diversidad florística: hay unas ochocientas especies de árboles y el promedio es de entre veinte y cuarenta especies por hectárea. Por encima de los mil quinientos metros la selva da paso al Bosque montano, formado por alisos y pinos del cerro.

El límite superior de esta formación boscosa que llega a alcanzar los tres mil metros sobre el nivel del mar, está en algunas zonas desdibujado por la presencia de pastizales originados por incendio o desmontes. Estos pastizales de fatura humana se continúan con los Pastizales de Neblina que alcanza el límite de la vegetación cerca de los cuatro mil metros de altura.

Hasta fines del siglo pasado la Selva Pedemontana albergaba pequeñas poblaciones urbanas y conservaba su riqueza forestal. Allí podía encontrarse especie como: cedro nogal, roble, palo blanco, palo amarillo, roble, peteribí, urundel, lapacho rosado o quina.

A partir de la instalación de los primeros ingenios azucareros en 1870. La selva fue acotada por los cañaverales. Era la variante regional al modelo agro-exportador que se afirmó a fines de siglo. A este desarrollo económico se agregó la llegada del ferrocarril y  así se produjo un salto poblacional y urbano significativo.

El desmonte se acentúa en la década de setenta, con la creación de pequeña y medianas explotaciones dedicada a la actividad fruti-hortícola, (citrus y tomates especialmente), que se reforzó diez años después con la instalación de plantaciones bananeras. En este tiempo también se favoreció la explotación forestal.

Como es de imaginar, este modelo de uso del ambiente, con el que creció la actividad económica más importante del Noroeste argentino, prácticamente acabó con las Selvas Pede montañas, Hoy solo quedan remanentes degradados y empobrecidos.

Mientras las selvas y bosques montanos, pudieron conservarse mejor, debido a lo difícil de su acceso, internarse por las escarpadas laderas pastizadas de árboles y lianas y helechos no resulta sencillo y en estas condiciones, los  costos de explotación forestal son muy elevados. Las empresas madereras solo extraen las especies de alto valor comercial como el cedro el nogal o el lapacho amarillo y en las áreas más accesibles, tipas, cebiles quinas y laureles.

Claro Como El Agua

Durante el verano las Yungas se vuelven aún más difíciles de transitar. Cerca del ochenta por ciento de la precipitaciones que van de los mil a los tres mil milímetros anuales, se desploman sobre ellas en esta estación aumentando el caudal de los ríos hasta transformarlos en límites que la seccionan.

El agua de lluvia es interceptada por el follaje de los árboles, allí una parte se evapora y otra se escurre entre las hojas o desliza por los troncos.

La vegetación actúa como una trama que retarda y amortigua la caída de la lluvia sobre el suelo protegiéndola del lavado de nutrientes y de los torrentes de barro que se producirían si el suelo estuviera desnudo. Pero el agua que circula dentro de la enmarañada vegetación no solo proviene de la lluvias: la neblina también hace su aporte atrapada entre las múltiples superficies que le ofrece la selva se condensa y origina una lluvia horizontal que no registran los pluviómetros, aunque si los abundantes musgos y epífitas que tapizan los árboles. Entre estas ultimas, cuyos representantes más conocidos son los claveles del  aire y las orquídeas, se encuentran algunas Bromeliáceas que acumulan agua entra las base de sus hojas. Una especie conocida como pallo puede retener has 10 litros.

Estas selvas lluviosas y enmarañadas protegen y alimentan los ríos que riegan los extensos bananales y cultivos de cañas, cítricos y de hortalizas de las zonas bajas. Los cuatrocientos millones de metros cúbicos de agua que producen anualmente en las Yungas, dan vida a la región, así lo afirma el Dr. Alejandro Brown director del Laboratorio de Investigaciones Ecológicas de las Yungas. (LIEY) de la Universidad Nacional de Tucumán (U.N.T ) ARG., unas de las más importantes razones de la conservación de las selvas nubladas es su papel en la regulación hídrica de las cuenca en que se encuentra explica- Nuestras yungas, se ubican en la franja de máxima precipitaciones regionales , donde nacen o se incrementa la casi totalidad de los cursos de agua importantes: Los ríos bermejo, Grande de Tarija, Iruya, Juramento  y Salí deben su caudal a estos bosque, de tal manera todos los grandes asentamientos humanos del Pedemonte donde viven en forman permanente mas de dos millones de personas y encontramos cientos de miles de hectárea bajo riego dependen del recurso hídrico de estas selvas-.

Los Habitantes Del Verde

Hombres y animales han habitado estas tierras desde tiempos inmemoriales, .Casi cien especies de mamíferos y quinientas de aves conviven en la Yungas con el hombre, en lo que constituyen uno de los ambientes de mayor biodiversidad del país. De acuerdo a diversos relevamientos, la riqueza de sus especies es solo  comparable en nuestro país con la de la selva Misionera. Aunque esta ultima según un reciente estudio comparativo realizado por investigadores de LIEY, podría soportar mayor número de especies debido a su menor estacionalidad hídrica, Así en la selva secundaria de Misiones habría unas setenta y tres especies de árboles por hectárea frente a las treinta y siete hallada en el Parque Nacional Baritú en Salta.

En las Yungas, tapires, acutíes, mulitas, pavas del monte, corzuela, majanos y rosillos ambos conocidos como "chanchos del monte", son cazados por los pobladores para ser utilizados como complemento de sus dieta A su vez unas siete especies de loros y felinos y el "caí ", una especie de mono que habita la región , son blanco de cazadores que los persiguen con fines comerciales.

 

Entre los buscados también se destaca el codiciada yaguareté, hoy extinguido en todas regiones del País pero que aun se refugia en el sector Norte de estas selvas. Las Yungas no están muy pobladas.

En la zona de Selva montana no existe núcleo poblaciones permanentes, en tanto que la franja altitudinal de los bosques se encuentran asentamiento como  Tafí del Valle, el Mollar , Los Toldos y Santa victoria Oeste. Solo hay numerosa e importantes poblaciones en la zona pedemontana donde la selva ha sido prácticamente  reemplazada por cultivos. Tal es el caso de San Miguel de Tucumán, Oran, Concepción Metan, Tartagal y Libertador General San Martín.

 

Gran parte de los pobladores de las Yungas tiene una economía de subsistencia, a veces complementada con trabajos en la zafra o con empleos municipales.

En este mundo de hábitos tradicionales, las tecnologías secular siguen en vigencia: el arado con bueyes, el quemado, (roza) de montes y pastizales para convertirlos en parcelas que son utilizadas rotativamente en cultivos y ganadería trashumante.

Según la época del año los pobladores se desplazan a los largo del gradiente altitudinal. Así las selvas montanas son usadas durante el invierno por los pobladores del área del bosque los "monteños" como tierras de pastoreo y cultivo de maíz y cítricos. Entre tanto los "cerreños" que habitan más allá de la línea de bosque descienden también con su ganado principalmente ovino a los bosques montanos. Cerca del verano, estos grupos ascienden nuevamente por lo que nunca llegan a superponerse.

Pero esta dinámica en el uso del ambiente no es exclusiva de los humanos. Ave y mamíferos también se desplazan altitudinalmente siguiendo los ritmos estacionales de fructificación de las especies vegetales con que se alimentan. Estos datos marcan la necesidad de interpretar las Yungas, como una unidad ambiental integrada y por ende conservarla como tal.

Que las Yungas estén escasamente habitadas  no impide que una vasta población utilice directa o indirectamente sus recursos. Entre los bienes que la selva aporta o exporta a las economías regionales y Nacional se destacan especies maderables como el cedro, el nogal o el roble- casi agotado como recurso-, animales útiles para la experimentación biomédica o comercializados como mascotas y el petróleo de los yacimientos de Caimancito en Jujuy y de Pozos Ramos, Acambuco y Pintascayo en Salta.

La devastación de las áreas pedemontanas ha provocado que la extracción de madera de las Yungas se redujera  considerablemente, aún así los volúmenes representa el setenta y seis por ciento de la producción total en Jujuy mas de ochenta en Salta.

A los recursos detallados se suma el agua, vital para las áreas bajo riego del Pedemonte. Algunos de sus beneficiados son los grandes ingenios azucareros, como Ledesma y San Martín del Tabacal que además representan a pesar de la creciente mecanización y de las crisis del sector uno de los mas importantes empleadores de mano de obra de la región.

Protección Se Necesita

La conservación de las Yungas es una tarea ineludible. La importancia de estas selvas en la preservación de las áreas bajas, de la cuenca, en la disminución de la carga de sedimentos de los ríos y en la protección de sus diversos recursos biológicos son algunos de los importantes motivos.

En el actual sistemas de área protegidas de nuestro país las Yungas están representadas por tres Parque nacionales, seis  reservas provinciales, una municipal y un parque biológico universitario; algo así como doscientas cuarenta mil hectáreas; es decir, menos del diez por ciento del total de las Yungas.

Si consideramos que solo el uno por ciento de nuestro territorio nacional esta bajo protección, el porcentaje de selva incorporado al sistema protegido no es nada despreciable, Sin embargo, el tamaño de estas área- que promedian las setenta mil hectáreas- y lo disperso de su ubicación las tornan ineficientes a los fines de la conservación.

Trascripto Articulo. Vida Silvestre Mayo/Junio 1995 Autor Sandra E. Murriello.

 

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