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Rumores
inquietantes llegaban desde el Norte, en aquel otoño de 1812, las
tropas Españolas desde el Alto Perú se alistaban, con la esperanza
de recuperar las Provincias de Río de la Plata, en manos de los rebeldes
patriotas de Mayo.
El
General Manuel Belgrano, se encontraba reorganizando, el desmoralizado
Ejercito del Norte después de la derrota de Huaqui. Había
recibido órdenes del Gobierno Central, de iniciar la retirada
hacia Buenos Aires, pero él insigne patriota, en el cuartel general
de Jujuy, había decidido retroceder al Tucumán y dictaba un bando
que adquiriría, con el tiempo, una trascendencia histórica para el
acervo de Jujuy.
El bando no
admitía segundas interpretaciones, los hacendados reunirían el ganado,
los comerciantes las pertenencias y los labradores aprovisionarían
el grano disponible. Los pobladores encabezarían la marcha, cerrada,
por las tropas en retirada; Los que no cumpliesen las órdenes serian
consideradas simpatizantes de los realistas, traidores a la patria,
so pena de ser pasado por las armas.
Una
aristocrática familia, de estirpe Española, partidaria velada, de
la Corona, vivía a nueve cuadras del Cabildo, en dirección al Oeste,
turbada por los sucesos y ante la imposibilidad de trasladar consigo
todas las pertenencias, la amenaza del fusilamiento, decidía subrepticiamente
excavar un túnel, que ocultaría los principales objetos de valor de
la finca. La preciada vajilla, los candelabros de plata, que
se encendían, sólo en ocasiones especiales y que tanto trabajo les
habían causado, cuando fueron trasladados desde el Puerto de Buenos
Aires a Jujuy.
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Juana,
la recién cristianada criada, era la encargada a diario, de frotar
con un paño embebido en vinagre la gran bandeja de plata, dedicándole
a la misma, el mayor esmero y aprovechaba de manera disimulada, en
realizar muecas con sus gruesos labios, jugueteando feliz,
en la pulida superficie. Las viejas condecoraciones, enmohecidas del
abuelo, recuerdo de remotas batallas contra los infieles, requerían
un trato especial, una a una se restregaban con un polvo blanco recogido
de las vetas cercanas al lecho del río xibi-xibi y con ellas, los
viejos sables, salpicados de vetas verdes y obscuras, deslucido final
de las otrora, orgullosas armas de la familia Española.
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Los
enseres se habían apilado en grandes arcones, asegurados con candados.
Apoyada sobre uno de ellos, precavidamente, se había dejado una espingarda
ante un eventual asalto al sitio. Finalmente, el principal candidato a
la guarda, por su peso y tamaño era el gran mortero de puro
algarrobo que tan buen uso se le daba en la cocina; el mismo, como
un vulgar cancerbero, se le acomodaba a la entrada del túnel.

La
excavación en los últimos días de julio, se había hecho aceleradamente,
ayudado por los criados más fieles; La tierra, con la excusa de arrojar
desperdicios, se arrojaba en forma disimulada en las inmediaciones.
Un avispado sargento de las milicias locales, intrigado por las salidas
frecuentes del carretón familiar comenzaba a rondar reiteradas veces
por el frente de la hacienda.
Apremiados
por el tiempo y la presencia obstinada del soldado, las excavaciones
continuaban en la noche. Habían completado, el principal tramo de
almacenaje, junto con otro, que conducía a la salida de emergencia.
El túnel partía, desde el frente solariego, unos 10 metros en dirección
Norte, luego viraba perpendicular al Este, en dirección al Cabildo.
En
la víspera de la retirada obligada, se había depositado todas las
pertenencias, sellado la entrada y disimulada la salida de emergencia
en el cerro aledaño. Los criados más fieles, acompañaban a la familia
en aquel éxodo forzado.

Esa
tarde del 22 de agosto de 1812, los grandes carretones, trepidantes,
encabezaban la tropas del General Belgrano rumbo al Tucumán, atrás
quedaban en el sepulcral túnel, las pertenencias que nunca serian
recuperadas por sus dueños.

Nota:
Hace 50 años en una propiedad, perteneciente al Sr. Layud Noman,
situada en Belgrano al 1300, se descubrió, un túnel que partía
desde la antigua hacienda, se dirigía hacia Norte hoy Calle Belgrano
y torcía perpendicularmente hacia el Este, hoy calle Patricias
Argentinas. La excavación se detuvo por orden judicial por rajaduras
en la finca lindera Sur. En la primera sección del túnel descubierto
se encontró armas de la época. La imaginación popular alimenta,
la quimérica existencia de tinajas con monedas de oro y plata
y que dicho túnel termina en el Cerro la Cruz, hoy
bajada Este de la actual escaleras de Ciudad de Nieva.

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