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Laguna
situada en el Noreste de la Provincia de Jujuy en el Valle de
Santa Bárbara. En las proximidades de la misma, el aire se encuentra
empapado de emanaciones azufradas de las aguas termales; el suelo,
grisáceo, se extienden en manchones dispersos salpicados con zonas
oscuras, vetas aceitosas afloran y ocultan traicioneros pantanos rodeados
de un erial, antesala de un legendario osario prehistórico donde
yacen en un sueño eterno.
Los
ancestros, acostumbraban a remojar manojos de ramas en las vetas aceitosas,
utilizadas como yescas naturales con la que apuraban el encendido
de los fogones en el crudo invierno.
Antaño,
el ganado pululaba. Los lugareños intercambiaban los mismos, en bulliciosas
ferias locales, pero el clima había cambiado y desafiaba la
voluntad del hombre con un anuario desgraciado de sequías. El agua,
salobre de la laguna, era rechazada por los animales. El agua, desde
las escasas vertientes naturales, en una agotadora tarea diaria, era
acercada a mano a los abrevaderos, pero el precio pagado, era demasiado
alto, día a día el ganado diezmaba.
En
aquel tiempo, se imponía por las circunstancias señaladas, una costumbre
supersticiosa, que en algunas regiones, se extiende todavía hasta
nuestros días. Periódicamente, se sufría la pérdida o extravío de
algún animal vacuno; Este hecho era consentido resignadamente por
los pobladores, pero tenia el trasfondo sobrenatural de la existencia
de una fuerza "maligna" que cobraba un sacrificio
anual y el tributo pagano ayudaba a conservar el resto
del ganado.
Cuentan
que cada martes trece del año, se oían en la medianoche los mugidos
de un toro en “celo”, entonces el ganado se revolvía inquietos
en los corrales, alucinados, saltaban los alambrados, derribaban las
cercas ante el subyugante "reclamo". Al amanecer,
luego del recuento, habían desaparecido uno o dos animales que nunca
se hallaban.
Un
joven lugareño, intrigado, decidió por sus propios medios, descubrir
la extraña desaparición del ganado. En aquel día, mientras la luna
tendía un manto coruscante de plata, se escuchaba en la lejanía, el
mugido profundo como el sonido grave de un violín gigantesco; De súbito,
el mismo, se hacía apremiante, sin reparo, descendía por los incógnitos
senderos y penetraba hasta el último confín de las haciendas.
Los
pobladores, se encerraban apresurados en sus casas y atrancaban las
puertas mientras el osado joven se encaminaba, cauteloso, hacia el
bramido que surgía de la sospechosa laguna. Escondido detrás de unos
matorrales, divisaba a lo lejos, los lomos fantasmagóricos de las
recuas de animales; Impávidos, se acercaban hipnotizados hacia el
vórtice del sonido.
De
pronto, en el centro de la misma, se había agitado un leve remolino,
impulsado por la curiosidad, avistaba con espanto, entre borbollones
de espuma, emergiendo a la bestia apocalíptica ; De cuernos dorados,
agitaba furioso la colosal cabeza, salpicaba la superficie con gotas
brillantes, elevaba el bestial hocico y lanzaba un mugido endemoniado
que parecía penetrar hasta el centro de la tierra.
Los
animales, sometido al hechizo, se hundían tiesos, engullidos por las
aguas en un fugaz remolino. Finalmente, sólo quedaban en la
superficie, pequeñas ondas que se agotaban silenciosas en las orillas.
La quimérica aparición, volteaba la cabeza en dirección donde el osado
se ocultaba, quizás alertado por algún movimiento involuntario realizado
por el aterrorizado joven; Éste, espantado, descubría, que brillaban
ascuas de fuego en los ojos de la bestia.
Al
otro día, el desafortunado joven, vagaba alucinado por los campos,
con la mirada extraviada, murmurando palabras ininteligibles.

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