El
día despuntaba gris, amenazadoras nubes obscuras cubren el horizonte.
Desde temprano Raquel había experimentado una creciente inquietud
, sin precisar la razón de la misma, en su interior surgió, un deseo
vehemente de visitar a los seres queridos que ya no están con nosotros.
Un
extraña inquietud empañó repentinamente los recuerdos, un dolor
sordo por la pérdida temprana de la apreciada amiga, asomaban en
agujas lacerantes, al tiempo que las reminiscencias afloraban en
un álbum, cargados de horas felices y de angustia.
La
lluvia, rebotaba en el pavimento esparciendo una alfombra gris,
un clima de tristeza invadía todos los rincones y creaba un toque
de melancolía, una expresión, fugaz de amargura cubrió la expresión
de su rostro, frunció levemente el entrecejo, la memoria de Raquel
había retrocedido en el tiempo y en aquel gesto, desmenuzaba dolorosamente
uno a uno, el camino de los recuerdos en las profundidades del alma.
A
la siesta, fue al campo santo, la soledad y la fina llovizna la
hicieron vacilar un instante, pero el deambular de la gente, la
animaron;
Emprendió un
largo camino entre los senderos, un poco más allá de los últimos
cuadros, donde descansaban los restos de la entrañable amiga.
Al
llegar a la tumba, descubrió a una joven mujer, que al comienzo
no la reconocía como familiar o allegado; De tez blanca, la mirada
fija en el césped, ensimismada y con los ojos transidos en
lágrimas.
La
desconocida vestía, un traje ajustado de color violeta, había depositado
flores blancas alrededor de la lápida. Raquel, perpleja, sin comprender
lo que ocurría, contemplaba la escena . Constató repetidas veces,
el nombre grabado en la lápida y con la la certeza de su ubicación,
intuyó que definitivamente, era una intrusa, que se había equivocado
de sepulcro.
–Perdóname– le dijo ásperamente – Esta tumba, es la de Elizabeth, y agregó –
creo que equivocaste el lugar–
La joven, despegó un momento, la vista del suelo, percatándose de la
presencia de Raquel y con la mirada un tanto desafiante, respondió: –
No, .... ella era mi tía, Ud. no me conoce– dirigiéndole, luego
una mirada inquisitiva, continuó – Ud. seguramente era la amiga–
Raquel, se encontraba confusa, un tropel de conjeturas acudían a la mente:
–....¿Cómo conocía ésta relación, la joven? :¿ Quién era? , ¿Que hacía?...–
La joven prosiguió sin pausa – Estoy aquí desde la mañana, he viajado
de incógnito, desde otra provincia. Mi padres ignoran estas desventuras,
creen que me encuentro en la Universidad y desde la mañana estoy sin
probar bocado ocupada en la búsqueda de esta parte mía. Tuve la suerte
de encontrarla, yo era su sobrina –
La actitud, de Raquel cambió hacia la desconocida, la misma empezaba
a ser familiar, delineándose el rostro ya lejano de la compañera,
sólo contrastaba en ella, el pelo rebelde y rojizo.
La joven prosiguió –Ud. seguramente fue la amiga, de la que tanto nos
habló, apenas la vi, no dudé un instante de saber quien era, pues
ella lo mencionaba con frecuencia en los viajes que hacía al hogar
natal. Húbo un pacto de silencio, entre mis familiares, cuando
se hablaba de ella, por las vicisitudes que rodearon la ausencia. –Fugó románticamente
del hogar paterno, en ocasiones, mis padres me reprimieron diciéndome,
que me parecía mucho a ella por lo rebelde. Ello me impulsó a pensar
que ella, había sufrido mucho y que me ocultaban una verdad rayana
a el pecado capital. Quizás permanecía viva y el secreto que mantenían,
era para disimular algún padecimiento mental. En realidad, lo que había
ocurrido"– Concluyó sentenciosamente la joven "Fue un asesinato
social, porque hasta los veinte años, tuvo una infancia y un pasado feliz,
que desapareció en el silencio cómplice de la familia–
Raquel,
respiró profundamente, un nudo en el pecho, la hacia temblar constantemente
y con la voz quebrada comenzó a desvelar el pasado – "Sufrió mucho
la exclusión familiar, pero discreta hasta el fin de sus días, nunca
reveló los pormenores de los reales motivos. Creo que nuestra amistad
nació de una manera espontánea. Compartíamos la gimnasia aeróbica,
los espacios abiertos y la lectura. Profundizábamos en ella lo temas,
que trataban de un camino de superación de las dificultades humanas.
Coincidíamos, en variados temas y recuerdo uno en especial " Todos
los seres tiene un fin en la vida, un lugar en ese andamiaje y que
dicho fines, muchas veces, permanecen oculto para nuestros sentidos
y resulta difícil comprender en el instante, el nuestro, pero siempre
tiene un sentido, un lugar en la vida-.
Raquel,
condujo a la joven a su vivienda y casualmente, colindaba
con el fondo donde vivió la entrañable amiga. Después de la merienda,
la joven se dirigió intempestivamente hacia la pared medianera y
mediante un toque en la misma, parecía que se había remontado
en el tiempo, uniéndose con el espíritu de la ausente. Las lagrimas
rodaban lenta por las mejillas: El pasado y presente se habían fundido.
La
joven, adquiría con cada segundo que transcurría, una apariencia
parecida o quizás fuese una ilusión. La desconocida, prosiguió diciendo
en voz baja– Soy parte de ella, no pude conocerla enteramente, pero
a partir de hoy, en este espacio, encontré lo que vine a buscar,–
Dios la tenga en la gloria– concluyó con voz ronca la joven pelirroja
.
El
regreso se hizo apresurado, el rumor del ómnibus alejándose, dejaba
un silencio donde todavía, retumban el eco de las últimas palabras.

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