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Seguridad
es el ariete momentáneo del corazón,
el hilo invicto, que traspasa el ojo elusivo de la aguja,
la luz fugaz del meteoro que se apaga, en el firmamento;
el momento que regresas con la clave oculta del tiempo transcurrido,
encerrándote en un silencio.

Miedo, es el temor a lo desconocido,
el ruido sin principio,
la imaginación bastarda envolviéndote,
debatiéndote en ella, inerme.
Esperanza,
es el fruto,
que saboreas de antemano al sembrar la semilla,
el vahído de la mirada arrebolada que graciosa vuela como ave
liberada;
el cristalino arroyo, que brota del manantial oculto y estremece la piel
en nardos frescos.
Es la madera terminada de la sutil escultura,
que esquiva y pudorosa oculta los dones a medias, temerosa que revelen
su secreto.
Libertad es la ilusión de viajar en una canoa hacia un destino
imprevisible pero de antemano, sabes que estás atrapado a la nostálgica
ribera,
simulas ser un trashumante de recónditos lugares,
pero permaneces todavía aherrojado a los tibios recuerdos que
recién abandonaste.
Te
sientes prisionero, cuando abrumado por el peso de la modorra oficinal,
saltas imprudente,
la distancia entre la realidad y la imaginación y tiemblas luego
aquejumbrado en el mismo sitio.

Acaso eres libre y todavía no alcanzas a comprender porque necesitas
disfrazar la imaginación con la pintura ocre de la realidad y
porque ella, osada, emborrona todo con el pincel de la inconsciencia.

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