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Llegaron
los jóvenes, en pequeños grupos, muchachas de cabellos color oro.
Los varones, con jeans desgastados, piel , demasiada blanca, pronto
el sol haría estragos; Caras y hombros ardidos sería el precio que
pagarían de ese cielo sin nubes de Tilcara Jujuy.
Acamparon
a la orilla del río, parecían , estampas navideñas de los cuentos
de Henderson, rostros rosados, jóvenes esbeltas de ojos azules, igual
que el atardecer del Norte Argentino, parecía que el celeste de la
bandera se hubiera mudado a esas pupilas.
............Estuvieron
los primeros días, cuando , la temperatura del verano era agradable,
pero en pueblo chico, infierno grande. Una ola de rumores había
invadido el pueblo. Que eran, raros, que provenían de una secta
religiosa, hasta algunos aprovechadores de la credulidad de la gente,
ensayaban sus fábulas, alimentando las fantasías del pueblo.
-Son
mormones, afirmaba el alcahuete del pueblo de Tilcara Jujuy-; El gusano
de la insidia creció acelerado, al atisbar, de manera casual, observó que todos en
parejas, compartían la misma carpa .
...........Pasada una semana, el correo del rumor, levantó un enjambre
de comentarios que se esparció con la velocidad de un rayo. Los cabellos
de oro, los mormones o como quisiese que se los llamara habían alquilado
unas viviendas precarias de una mina abandonada de plomo . El lugareño,
dueño del sitio, hacía cuentas del jugoso negocio realizado, alquilar
una mina agotada, a unos jóvenes alocados que deseaban alejarse de la
curiosidad del pueblo.
.............Pero en aquel paradisíaco lugar, ensueño del año 72, también
la solución de los militares, pasaba por una guerra fatua, donde ellos
decidían quienes eran las buenos y los malos, enseñándonos los
amos de la guerra: la democracia , la administraban y la impartían.
Empezaba a perpetrarse, sobre aquéllos jóvenes imberbes de cabellos de
oro, una amenaza malévola, cuando gente extraña averiguaba en forma
solapada sus actividades.
.............La
mina abandonada, situada a 20 Km. del pueblo , solo tenía un camino
de ida y vuelta, un sendero serpenteantes entre los riscos de los
cerros multicolores, flanqueados por los cactus centinelas.
.............Las
puertas de la humilde casa de adobe con techo de paja y barro en aquel
atardecer, era el cadáver de una nave inerme, agobiada por la
invasión Atílica, testigo silente de la intrusión.
En el ocaso, la monotonía era rota por la raída ropa multicolor,
meciéndose, en un alambre improvisado, ajena a las de los naturales.
Unas cintas rosa y azul, descolorida por el sol, tercamente se agitaban
como bandera; Un recipiente de aluminio reverberaba con los últimos rayos,
pero un vahído de tristeza impregnaba el escenario y traspasaba la quietud
del lugar.
Una puerta desencajada de sus goznes, improvisadas lechos, acomodado
con pilas de adobes, cubierta con mantas raídas, mostraban todavía las
siluetas de los cuerpos ausentes. La sombras invadían rápidamente el
interior, querían cegar de una vez, el recuerdo de la infamia.....

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