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Las
grandes empresas azucareras de Jujuy, como las de Salta y Tucumán,
lograron su riqueza y rápida prosperidad gracias a “El Familiar”. Así dice
la leyenda, y así lo han oído todo aquellos que trabajan en los ingenios,
peones o profesionales, empleados o capataces.
Con
la avanzada de la invasión perpetrada hace 500 años los
pueblos originarios fueron arrasados y desculturizados a esto se sumo
con el tiempo en Argentina la llamada conquista del desierto, el ejército
argentino exterminó a muchos pueblos originarios, lo que antes
fuera justificado por la “evangelización” la posterior estaba
justificada por la “civilización”, los que quedaron fueron utilizados
como mano de obra esclava, para las nuevas actividades que surgían
en un aparentemente floreciente país, muchos de estos damnificados
de su tierra fueron a parar a los grandes ingenios azucareros del norte
argentino.
El
origen del mito es paralelo con el desarrollo industrial del noroeste
Argentino, pero el numen argumental deriva del primer pacto que el
hombre celebra con Satanás, en otras palabras “El Familiar” es Satanás.
Los dueños de las grandes fabricas han cedido a la tentación y le prometieron
el alma a cambio de la riqueza.
El «familiar»,
un diablo que tenía trato con los dueños, quienes le
ofrendaban vidas humanas a cambio de la prosperidad del ingenio. "Casualmente" aquellos
que desaparecían eran quienes cuestionaban al sistema
de explotación extrema a que eran sometidos. La historia
es seguramente larga, triste y aberrante.
No nos ocuparemos de esta historia, sino del mito que se desprende de la consolidación
del personaje diabólico en cuestión, consolidación que
se da cuando el fenómeno pasa de ser una historia creada en este caso
con fines determinados y perversos a un ser que convive con los desafortunados
obreros, y se convierte en real cuando el incubo es visto por una gran cantidad
de personas, hecho que se refleja en los demás ingenios de la zona y
provincias distintas.
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Parece
ser según versiones de algunos trabajadores que el Familiar
es el demonio mismo, de el se tiene conocimiento real en los establecimientos
fabriles o ingenios aunque algunos aseguran averlo visto en los propios
pueblos. Si bien su leyenda nace en el noroeste argentino (Jujuy, Salta,
Tucumán y Catamarca), su dominio se extendió hasta San
Luis, Mendoza, San Juan, La Rioja, en zonas de grandes fabricas y viñedos.
Su
descripción mas notable es la de un gran perro negro con algunos
rasgos humanos, de grandes garras prensiles como manos con las que
destroza a sus víctimas, de grandes ojos color rojo o de fuego,
pelos duros como jabalí, a veces camina en dos patas, se siente
cuando anda cerca un fuerte olor a azufre y el sonido de grandes cadenas
arrastrándose, a veces este gran perro aparece sin cabeza, también
adquiere la forma de un viborón con pelos, o con cabeza de perro,
similar al “Teyúyaguá” de Corrientes, puede mutarse en
persona, mulita, cerdo, o toro negro, en este caso puede balar, en
todos los casos parece coincidir las pesadas cadenas, elemento siempre
relacionado a los seres de bajas vibraciones y/o condenados o a emisarios
del demonio, recorre los cañaverales en línea recta y
en caso de cruzarse con alguna construcción las atraviesa, nada
lo detiene ni hiere.
Esta
oculto por el dueño o la persona que hizo el pacto en algún
sótano oculto, es aquí a donde se envía a la víctima
en busca de alguna herramienta, además de comer hombres, se
alimenta con leche, menudo de vaca, especialmente carneadas para él
o grandes tachos de locro, gime durante las noches como niño
al estar encadenado, y adquiere su mayor ferocidad al salir liberado
por el dueño, cruza los campos rugiendo de forma escalofriante,
en busca de nuevas víctimas.
Los
peones que conocen la forma de enfrentarlo con un puñal y un
rosario en algunas oportunidades logran salvarse, la tradición
dice que hay que llevar una gran cruz colgada en el pecho, un rosario
y un puñal en la cintura, el rosario y la cruz, cumplirán
la función de quitarle su cualidad sobrenatural y el puñal
servirá para enfrentarlo cuerpo a cuerpo, de cualquier manera
en caso de salir con vida, puede ser considerado una suerte o bendición
especial. Las historias de campo cuenta con algunos valientes que pudieron
sobrevivir a la lucha con el Familiar, también se dice que estas
personas recibieron fuertes sumas de dinero por parte del patrón
con el fin de comprar su silencio y su alejamiento.
Cuando
el propietario del ingenio muere y no pasa el secreto a un heredero
también desaparece el Familiar, ya que nadie lo alimenta, de
igual manera también la fortuna se irá, pero solo por
un tiempo ya que el maligno en sus múltiples formas vera de
recuperar su territorio y expandirlo, para beneficio de algunos pocos
y desdicha de muchos otros.
El
diablo acepta el negocio pero se quedara cerca, escondido en oscuros
sótanos o siniestros galpones, para vigilar el estricto cumplimiento
de las cláusulas del contrato.
Una
de ellas establece la obligación por parte de los propietarios, de
entregarle un obrero por año que será devorado sin compasión por “El
familiar”, que para ese menester, habrá adoptado la forma de una enorme
serpiente a quienes todos conocen como el “Viboron”. Únicamente lo
ven por primera y ultima vez aquellos que serán devorados.
Es
común en los Ingenios, que con la ultima molienda de caña de azúcar,
se arroje a los trapiches un muñeco que representa al obrero que los
propietarios del Ingenio deben entregarle a Satanás, para así conformarlo
y no llevarse a nadie más. En otras versiones, El Familiar toma el
contorno de un feroz y enorme perro negro sin cabeza que como el Viboron
aguarda se cuota de carne humana agazapado en los tenebrosos rincones
del ingenio.
Entre
los miles de zafreros (Cosechadores de la Caña) que año tras año dejaban
los ocres pueblos de la puna para levantar la cosecha en los ingenios
del Ramal, no faltaban uno, dos o más desaparecidos por mil razones
distintas, que servían para avivar el recuerdo terrífico del Familiar
y aumentar el resentimiento del obrero misérrimo para con los patrones
rodeados de opulencia.
Las
condiciones del trabajo fueron cambiando con el tiempo y esta leyenda
fue perdiendo adeptos. Hoy en día el Viboron es un capataz odiado o
un jefe de sección arbitrario.
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